ENTREACTOS
FUGA está floreciendo y quiere compartir con vosotros un nuevo formato expositivo llamado ENTREACTOS.
Los ENTREACTOS de FUGA nacen como interludio: intervalos breves, pausas activas, tiempos indefinidos. Son días en que la galería acontece un territorio permeable y de ensayo. Un espacio de tránsito y escucha.
No son una espera pasiva sino un gesto de apertura. Talmente como al teatro, el cine o la música, el entreacto interrumpe: levanta vínculos, los sugiere, los prepara. En su condición liminal entre propuesta y contrapropuesta emergen nuevas voces, prácticas redefinidas.
Los ENTREACTOS de FUGA reivindican, potencian el valor de aquello que es breve, los formatos ligeros, directos, capaces de activar diálogos inmediatos con el presente. Son territorios para la experimentación para artistas en busca de resonancia, para proyectos que se atreven a habitar el margen.
Más que un paréntesis, los ENTREACTOS son una respiración que articula la continuidad del programa expositivo. Una coreografía de interludios donde el efímero acontece detonando de pensamiento, eco expandido, lugar de encuentro.
El término ruderal (del latín ruderalis) se refiere a la flora resistente en entornos modificados por el ser humano, capaz de expandirse con facilidad, producir muchas semillas y adaptarse a diversas condiciones. En botánica, se añade el término ruderalis para designar a las especies comúnmente conocidas como malas hierbas o invasoras.
Este proyecto recopila plantas, flores, raíces, semillas y otros vegetales que, culturalmente, han adquirido connotaciones asociadas a la disidencia: peligrosas, extranjeras, improductivas... También han estado históricamente vinculadas a rituales de encuentro entre alteridades: magia, aquelarres, alquimia, conjuros de amor, bacanales, viajes...
En este caso, la montaña de Montjuïc, en Barcelona, es el escenario sobre el que se centra la investigación. Generalmente, los espacios periféricos o externos al núcleo central de la ciudad son aquellos donde tienen lugar encuentros desplazados del espacio público o al margen del control. Montjuïc es, en el caso de Barcelona, ese paradero suspendido durante la noche en el que las actividades aprovechan la oscuridad y la ausencia de miradas para desarrollarse de manera autónoma, reivindicando su identidad propia.
Ruderalis es la recopilación de todos esos usos, rituales y tradiciones que aparecen de forma natural en la disidencia, jugando con la metáfora de las propias plantas que crecen espontáneamente. Cuando se desplazan simbólicamente al espacio de la galería, adquieren una condición de objetos narrativos (altares, archivos o reliquias de valor cultural) que fomentan la incertidumbre o el distanciamiento del relato hegemónico.
No era capaz de recordar la forma de la piscina. Les pidió ayuda a sus hermanas para que intentaran describir cómo era. También le preguntó a su padre si podía dibujarla. Ya hay una forma: bordes rectos, líneas marcadas y simetría, sin zonas redondeadas. Este ejercicio de memoria es el primer gesto que anima a la artista Krystel Liliana a producir una serie de piezas que responden a la idea de reconstrucción y materialización de imágenes alojadas en el recuerdo.
En la práctica artística de Krystel, la cera es el material principal que da forma a sus obras. En esta exposición la encontramos en distintos formatos y superficies: como soporte de imágenes —donde el propio material actúa como un velo sobre la fotografía, volviéndola difusa y afectando su nitidez—. También la cera se convierte en estructura y objeto; aparecen, reescalados, elementos propios de una casa, del verano: como una piscina que podríamos sostener con dos manos o un bañador que contiene un cuerpo invisible. El agua funciona como elemento vehicular en toda la exposición, conectando formas y espacios, operando como una capa profunda, que ha dejado una huella.
Junto a estas piezas trabajadas en cera, también se presentan algunos objetos que aportan nuevas capas de significado y lecturas a la muestra. Un elemento particular es el archivador, que resguarda lo interior y nos remite a la acción de hacer memoria y recopilar. La escala y posición de las piezas que aquí encontramos nos permiten mirarlas hacia adentro, como si ahondáramos en el recuerdo, o contemplarlas desde lejos, en un ejercicio de reconocimiento y de conexión con algo que ya hemos visto antes, pero traído a esta exposición como una suerte de secuencia o fotograma al que acceder poco a poco.
Se manifiestan así dos intenciones durante el proceso de Krystel: recordar y hacer presente —o traer presencia—mediante imágenes transformadas en objetos de diferentes escalas que dialogan entre sí. Una arqueología de la memoria: la casa, habitaciones contiguas, fotografías, espacios y desplazamientos. Todo ello atravesado por una sensación constante de distorsión, de inaccesibilidad, como una imagen que no termina de ser nítida.
ENTREACTOS
FUGA está floreciendo y quiere compartir con vosotros un nuevo formato expositivo llamado ENTREACTOS.
Los ENTREACTOS de FUGA nacen como interludio: intervalos breves, pausas activas, tiempos indefinidos. Son días en que la galería acontece un territorio permeable y de ensayo. Un espacio de tránsito y escucha.
No son una espera pasiva sino un gesto de apertura. Talmente como al teatro, el cine o la música, el entreacto interrumpe: levanta vínculos, los sugiere, los prepara. En su condición liminal entre propuesta y contrapropuesta emergen nuevas voces, prácticas redefinidas.
Los ENTREACTOS de FUGA reivindican, potencian el valor de aquello que es breve, los formatos ligeros, directos, capaces de activar diálogos inmediatos con el presente. Son territorios para la experimentación para artistas en busca de resonancia, para proyectos que se atreven a habitar el margen.
Más que un paréntesis, los ENTREACTOS son una respiración que articula la continuidad del programa expositivo. Una coreografía de interludios donde el efímero acontece detonando de pensamiento, eco expandido, lugar de encuentro.
El término ruderal (del latín ruderalis) se refiere a la flora resistente en entornos modificados por el ser humano, capaz de expandirse con facilidad, producir muchas semillas y adaptarse a diversas condiciones. En botánica, se añade el término ruderalis para designar a las especies comúnmente conocidas como malas hierbas o invasoras.
Este proyecto recopila plantas, flores, raíces, semillas y otros vegetales que, culturalmente, han adquirido connotaciones asociadas a la disidencia: peligrosas, extranjeras, improductivas... También han estado históricamente vinculadas a rituales de encuentro entre alteridades: magia, aquelarres, alquimia, conjuros de amor, bacanales, viajes...
En este caso, la montaña de Montjuïc, en Barcelona, es el escenario sobre el que se centra la investigación. Generalmente, los espacios periféricos o externos al núcleo central de la ciudad son aquellos donde tienen lugar encuentros desplazados del espacio público o al margen del control. Montjuïc es, en el caso de Barcelona, ese paradero suspendido durante la noche en el que las actividades aprovechan la oscuridad y la ausencia de miradas para desarrollarse de manera autónoma, reivindicando su identidad propia.
Ruderalis es la recopilación de todos esos usos, rituales y tradiciones que aparecen de forma natural en la disidencia, jugando con la metáfora de las propias plantas que crecen espontáneamente. Cuando se desplazan simbólicamente al espacio de la galería, adquieren una condición de objetos narrativos (altares, archivos o reliquias de valor cultural) que fomentan la incertidumbre o el distanciamiento del relato hegemónico.
No era capaz de recordar la forma de la piscina. Les pidió ayuda a sus hermanas para que intentaran describir cómo era. También le preguntó a su padre si podía dibujarla. Ya hay una forma: bordes rectos, líneas marcadas y simetría, sin zonas redondeadas. Este ejercicio de memoria es el primer gesto que anima a la artista Krystel Liliana a producir una serie de piezas que responden a la idea de reconstrucción y materialización de imágenes alojadas en el recuerdo.
En la práctica artística de Krystel, la cera es el material principal que da forma a sus obras. En esta exposición la encontramos en distintos formatos y superficies: como soporte de imágenes —donde el propio material actúa como un velo sobre la fotografía, volviéndola difusa y afectando su nitidez—. También la cera se convierte en estructura y objeto; aparecen, reescalados, elementos propios de una casa, del verano: como una piscina que podríamos sostener con dos manos o un bañador que contiene un cuerpo invisible. El agua funciona como elemento vehicular en toda la exposición, conectando formas y espacios, operando como una capa profunda, que ha dejado una huella.
Junto a estas piezas trabajadas en cera, también se presentan algunos objetos que aportan nuevas capas de significado y lecturas a la muestra. Un elemento particular es el archivador, que resguarda lo interior y nos remite a la acción de hacer memoria y recopilar. La escala y posición de las piezas que aquí encontramos nos permiten mirarlas hacia adentro, como si ahondáramos en el recuerdo, o contemplarlas desde lejos, en un ejercicio de reconocimiento y de conexión con algo que ya hemos visto antes, pero traído a esta exposición como una suerte de secuencia o fotograma al que acceder poco a poco.
Se manifiestan así dos intenciones durante el proceso de Krystel: recordar y hacer presente —o traer presencia—mediante imágenes transformadas en objetos de diferentes escalas que dialogan entre sí. Una arqueología de la memoria: la casa, habitaciones contiguas, fotografías, espacios y desplazamientos. Todo ello atravesado por una sensación constante de distorsión, de inaccesibilidad, como una imagen que no termina de ser nítida.
Lunes a viernes 11:00–14:00 | 16:00–20:00
Sábados 11:00–14:00
Martes a viernes. 11:00–19:00 h
Sábados. 11:00–14:00 h